Una artista revela capas invisibles de la realidad en una muestra sobre lo tradicional y lo contemporáneo
Este 23 de mayo se inaugurará la muestra “Ñande sy, ñande sueño y la poética del campo” en el marco de la Noche de las Galerías. En ella, la artista plástica Carla Ascarza dibuja un horizonte donde el realismo mágico y el surrealismo simbólico conversan con el futuro del campo y la ciudad.
Ñande sy, ñande sueño y poética del campo es el nombre con el que Carla Ascarza bautizó a la exposición que inaugurará en Galería del Rey el próximo sábado 23 de mayo, en el marco de la Noche de las Galerías. La curaduría de la muestra estuvo a cargo de Tim MiRaquel (Raquel Cuellar), quien también es una artista multidisciplinar conocida en el ambiente.
Para acercarnos a la muestra de Carla es interesante entender que ella no comenzó a dibujar su camino directamente desde las artes visuales, sino desde el periodismo. Su vida transcurrió entre sucesos del día a día, noticias sobre municipios y educación terciaria durante 25 años y, hasta la fecha, su mirada está marcada por esta experiencia.
Hoy por hoy, al momento de presentarse, las artes visuales son las que mejor describen su vida. “Es el lugar desde donde observo el mundo, lo interpreto y lo transformo”, nos confía. Tomó la profunda decisión de dejar el periodismo en el 2005, pero nunca se alejó de la profesión del todo, solo que su comunicación cambió de soporte: Carla sienta postura a través de sus pinturas al óleo. Desde su taller, ella pinta escuchando las noticias.
Paralelamente, realizó una maestría en antropología social en la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, se especializó en Antropología de la Salud en España y se formó en Derechos Humanos en la Universidad Nacional de Asunción. “También trabajo en comunicación desde mi consultora, Todo eso dialoga con mi obra incluso cuando no es evidente”, explica.
A través de una pantalla
Nació en Resistencia, Chaco argentino, pero llegó a Paraguay cuando apenas tenía un año. Si bien volvió a su ciudad natal a los 11 años, para los 15, ya estaba de vuelta en nuestro territorio. “Toda mi vida está profundamente arraigada aquí. Me siento paraguaya. Mi familia, mi historia, mis afectos… todo está en este país”, relata.
Su predilección por el dibujo y la pintura nació frente a la televisión de su casa, acompañada de hojas y lápices que llenaban de color sus tardes. Desde los seis años, su familia supo que Carla tenía asma, por lo que se extremaron los cuidados y disminuyó un poco su tiempo al aire libre en ocasiones de riesgo. Entonces, pasaba horas en el regudio de su hogar.
“Veía un programa de televisión que se llamaba Margarita y sus niños, donde había un segmento con Porfirio Bustos. Él fue, sin saberlo, mi primer maestro”, relata. Con la mirada fija en los movimientos del reconocido artista paraguayo, Carla seguía sus instrucciones al pie de la letra tanto que, hasta hoy, sus enseñanzas se grabaron en la manera en que hoy expresa su estilo.
“Hoy lo pienso y era como seguir un tutorial, pero con una carga emocional muy fuerte. Creo que ahí nació todo. Incluso hoy, en algunas obras, sobreviven rastros de ese primer lenguaje, especialmente en el dibujo”, añade.
Su formación técnica fue enriquecida por grandes referentes del arte local. Se licenció en Artes Visuales bajo la guía de Verónika Koop, a quien considera una maestra fundamental. «También tuve la oportunidad de formarme con Livio Abramo, en su curso de Línea y Color, una experiencia muy significativa», recuerda Carla. En este camino, figuras como Olga Blinder, Luís A. Boh y Jo Oliveira terminaron de marcar su visión artística.
En su línea plástica, es clave la observación social. De hecho, la maestría en antropología impactó profundamente en su manera de pensar la imagen y las narrativas sociales. «Me interesa especialmente qué se visibiliza y qué queda al margen», explica. Esta sensibilidad la conecta con artistas como Frida Kahlo y Remedios Varo, quienes convierten lo íntimo en un universo cargado de sentido y simbolismo cotidiano.
Ñande sy, ñande sueño y poética del campo
En la obra de Ascarza, la pintura es un territorio donde la memoria y la identidad conversan constantemente. «Siento que mi obra dialoga con esa sensibilidad de América Latina, de artistas que no separan lo emocional de lo pictórico», afirma. Para ella, el arte es un espacio donde el territorio personal y colectivo se encuentran para dar voz a las experiencias que nos constituyen como sociedad.
Su evolución estética parte de una búsqueda constante de nuevos lenguajes. Desde sus inicios técnicos y académicos, Carla exploró lo abstracto hasta consolidar su estilo actual. «Hoy siento que mi obra está en un lugar donde lo figurativo es solo una puerta de entrada: lo importante es lo que sucede por debajo, en lo emocional y lo simbólico», reflexiona sobre su proceso.
En ese umbral, el realismo mágico latinoamericano aparece como una extensión natural de su entorno. En su lienzo, lo cotidiano convive con situaciones que alteran la lógica, como cambios de escala o desplazamientos temporales. «No se trata de inventar mundos fantásticos, sino de revelar las capas invisibles de lo real. De mostrar que en lo cotidiano también habita lo extraordinario», señala con convicción.
Las tensiones que explora son, a menudo, imperceptibles para el ojo apresurado. Le interesa el contraste entre lo rural y lo urbano, así como las historias mínimas que los discursos oficiales suelen silenciar. «Mi obra intenta darles un espacio, sin imponer una lectura, pero invitando a detenerse», comenta. Es un llamado a mirar más allá de la superficie para encontrar lo que permanece.
En cuanto a su técnica, Carla apuesta por la versatilidad del óleo sobre lienzo, aunque no teme experimentar con acrílicos y técnicas mixtas. Posee un vasto banco de imágenes que utiliza para crear bocetos digitales. «Implemento herramientas también de la tecnología elaborando bocetos como si fueran collage», explica sobre su método de trabajo por capas, donde el dibujo siempre mantiene un rol protagónico y constructivo.
Esta metodología cobra vida en su nueva exposición. El nombre de la muestra nace de una necesidad de nombrar desde lo propio y lo afectivo. «‘Ñande Sy’ remite a una figura profundamente arraigada en nuestra cultura: la madre, pero también la tierra, el origen, lo que sostiene», detalla la artista. Para ella, el uso del guaraní es una forma natural de sentir y nombrar el mundo.
Conceptualmente, Carla viene trabajando en esta propuesta desde hace meses, aunque la siente como parte de un proceso vital mucho más largo. «Cada obra tiene su propio tiempo. Depende de la complejidad de la composición, la luz, e incluso el clima», admite. En esta ocasión, la protagonista es una abuelita del campo que condensa memorias personales y un imaginario femenino colectivo.
El origen de esta figura central fue una fotografía cedida por Didac López. La imagen de esa mujer sentada impactó a Carla de tal manera que, años después, se convirtió en el corazón de la muestra. «Elegir a una abuelita como figura central no es casual. Me interesa visibilizar esos cuerpos y esas experiencias que muchas veces quedan al margen», afirma sobre esta reivindicación estética.
Para Ascarza, las abuelas representan la fuerza silenciosa que sostiene las tradiciones y los saberes en Paraguay. Sin embargo, suelen ser figuras invisibilizadas socialmente. «Mi interés es darles un lugar activo, mostrar su fuerza, su mundo interior, su capacidad de sostener vínculos», añade. En su obra, estas mujeres poseen una dignidad que trasciende la mirada nostálgica para situarse en el presente.
En este universo pictórico, la protagonista se rehúsa a desprenderse de sus rituales y su vínculo con la tierra, pero acepta los nuevos tiempos. «La abuelita no queda detenida en el pasado: encuentra maneras de habitar el presente para seguir conectada con sus seres queridos», explica. Esa tensión entre la permanencia y la transformación es uno de los ejes fundamentales de la exposición.
Finalmente, la experiencia en la Galería del Rey se completará con una propuesta inmersiva que busca sorprender al visitante. «La instalación va a estar presente tanto en la vidriera como en distintos sectores de la sala, generando un hilo conductor entre las obras», revela Carla. Un elemento secreto articulará todo el recorrido, invitando al público a sumergirse por completo en su poética del campo.
Fuente: www.forbes.com.py

